Museo Arqueológico de La Vall d´Uixó

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En los inicios de la década de 1980, la Ciudad de La Vall d’Uixó, a través de la Corporación Municipal del momento, adoptó el acuerdo plenario de adquirir un inmueble en el casco urbano para albergar un “Museo Municipal”. El camino hasta su inauguración, no fue fácil. El edificio elegido fueron dos de las conocidas como “casas de los maestros”, unifamiliares adosados construidos en 1948 por “Regiones Devastadas” y destinadas a viviendas particulares para los maestros mientras estuviesen en activo.

Desde esa fecha y hasta 1984, se llevan a cabo las principales obras de remodelación de las viviendas a fin de adecuarlas para que pudiesen cumplir las funciones de Museo, esto es, conseguir unas salas de exposición amplias, laboratorio, almacenes, despachos y salas de investigación, todo ello teniendo en cuenta los cánones de la época.

Al mismo tiempo, se contrata la Dirección del Museo y un conserje , personal imprescindible para comenzar con las tareas de recopilación de datos de todo tipo, así como la organización del trabajo, del montaje de salas y vitrinas y en general, de dar un contenido y una argumentación al Museo. 

Durante estos primeros años, se establece un plan general de trabajo tanto interno como externo al Museo, es decir, se realiza un inventario de yacimientos del término municipal, se reconstruyen y ordenan los hechos relevantes que han dado origen a la Ciudad y se ordenan y clasifican los materiales que van conformando los fondos del Museo.

En estos momentos se realiza algo bastante pionero para la época desde el punto de vista administrativo: Se comienza a establecer una regulación municipal para la realización de la actividad urbanística en conjunción con la arqueológica, de forma que se interfiera lo mínimo posible en el desarrollo de una ciudad que, como otras muchas de la época, comenzaban a tener un crecimiento considerable, por lo que se establece una relación estrecha entre el Museo y el departamento de Obras y urbanismo, relación que ha perdurado en el tiempo hasta el momento y que además, ha permitido salvaguardar edificios antiguos, tramas urbanas y recuperar a partir de obras públicas de saneamiento como colocación de tuberías etc. elementos constructivos que permanecían enterrados en el subsuelo de la ciudad.

Paralelamente también se comienza otra labor de tipo administrativo al objeto de legalizar tanto el Museo como las colecciones siguiendo  las normativas que íba dictando una Consellería que también se estrenaba en la implantación de normas que salvaguardaban el Patrimonio arqueológico e histórico.

Coincidiendo en el tiempo con el nacimiento del Museo, apareció en pleno centro urbano de La Vall d’Uixó una parte de una gran construcción, los restos de una Villa romana. Las estructuras arquitectónicas aparecieron durante la realización de los basamentos de un edificio de nueva construcción, con lo que también “estrenamos” la organización real y efectiva de la gestión del Patrimonio arqueológico.

Al no estar prevista esta situación en el P.G.O.U. Vigente en ese momento, se tuvieron que realizar conversaciones con los propietarios del solar para que se pudieran realizar las excavaciones arqueológicas en aplicación de la Ley de Patrimonio Histórico español.

Al final, y durante casi tres años se excavaron más de 2 km2,  situados en lo que iba a ser una de las avenidas principales de la Ciudad y algunos solares de sus lados que aún permanecían sin construir, puesto que toda esa zona era clave en el crecimiento de la Ciudad.

Los trabajos arqueológicos dieron como resultado el hallazgo de una buena parte de la zona industrial de la Villa Romana, cuya cronología comienza a mediados del siglo II a.C. Y termina en el segundo tercio del siglo II d.C.. Se localizaron áreas dedicadas sobre todo a la fabricación de aceite, que luego era envasado en ánforas y exportado a otras zonas del imperio. Aparecieron prensas de gran tamaño, balsas para almacenar las aceitunas, y restos de sencillas construcciones que se asimilaron a viviendas de los trabajadores y esclavos y a corrales o almacenes. Pero por suerte, también se pudo localizar una pequeña parte de la vivienda principal, una gran sala de casi 40 m2 con un pavimento de opus signinum, fechado hacia el año 60 a.C y que se encontraba junto a otra zona donde se halló el hipocausto. Todo el conjunto se interpretó como una sala de vestuario situada al lado de unos baños.

Lógicamente, el trabajo que supuso para el museo el hallazgo de este interesante yacimiento, permitió que tanto la administración local, que posee la titularidad del Museo, como la autonómica, pusieran medios humanos para excavar y sobre todo, estudiar la gran cantidad de restos aparecidos , que muy pronto pasaron a formar parte de las vitrinas del Museo.

Se puede decir que en este momento había comenzado el verdadero trabajo del Museo.

Como es lógico, la actividad investigadora y de difusión del Museo fue creciendo a medida que este ganaba presencia en las calles. La arqueología que hasta entonces había sido una actividad desconocida, comenzaba a tomar fuerza y a formar parte poco a poco de la vida cotidiana: Ahora ya era imprescindible contar con informe arqueológico previamente a la autorización de las obras que se realizaran , sobre todo, si estas estaban situadas en los cascos históricos de la Ciudad. Estos nos permitió poder comenzar a establecer zonas arqueológicas y un conocimiento mucho más completo  del territorio, del municipio.

En las sucesivas décadas, el Museo ha pasado por distintos periodos, de centro cultural imprecindible en la vida de la Ciudad, a local completamente colmatado por diversas circunstancias. En 1995, y tras una visita escolar, se desprendió una parte del techio de una de las salas de exposición. Tuvimos que tomar la decisión de cerrar al público las instalaciones hasta que toda la estructura fuera debidamente revisada y reparada. Pero en este intervalo ocurrieron otras cuestiones que hicieron que al poco tiempo de reabrir el Museo al público, nos viéramos obligados a cerrarlo definitivamente en esta ubicación.

Por circunstancias, casi toda la planta baja del Museo, sobre todo una sala de exposiciones y reuniones de más de 200 metros cuadrados, que se tuvo que transformar en depósito del Archivo Municipal, ya que el edificio donde este se encontraba, íba a ser derribado. De este modo, el Salón de Actos se llenó de armarios compactos que fueron llenados con toda la documentación municipal.

Pero no solo tuvimos que compartir espacio físico con el Archivo Municipal. Para entonces , las nuevas normas de accesibilidad a edificios y espacios públicos nos obligaron a  tener que cerrar las salas de exposición del Museo, ya que estas se encontraban en un primer piso de altura y las escaleras eran el gran problema.

De este modo, y tras exponer a la corporación municipal esta problemática, se tomó el acuerdo de adquirir una antigua nave, construida a principios del siglo XX : la denominada “Fábrica de la Llum”. El criterio seguido para su compra fue la situación de l inmueble, en un extremo de uno de los barrios más antiguos de la Ciiudad y sobre todo, junto al espacio ajardinado donde se encuentra el conjunto de acueductos  de Sant Josep y L’Alcudia, que antiguamente abastecían de agua a dos o tres molinos contiguos y sobre todo, a través de una sistema de acequias, a los pequeños núcleos urbanos dispersos por el Valle y que constituyeron la actual Ciudad.

En la actualidad, La Fabrica de la Llum permanece igual que al principio, aunque cuenta con un ambicioso proyecto de nueva construcción de un Museo de Historia de la Ciudad con espacios alrededor donde realizar proyectos innovadores con turistas, visitantes de todo tipo y escolares , colectivo muy involucrado en estos temas.